Carlos Duguech

Analista internacional

A pesar de que cada día nos sorprendemos con los resultados que genera la utilización de la Inteligencia Artificial en todos los escenarios, no nos deja de producir dudas comprensibles frente a tanta multiplicidad de aplicaciones en las que descuella como logro supremo de la “creatividad humana”. Alguna vez expresamos que la IA tiene una partida de nacimiento que se superpone con su agenda. Esto es, que el campo de aplicación que se abrió -apenas dio sus primeros pasos perfeccionados- se extendió a los cuatro vientos. Tal como en una pradera sin bordes a la vista, tan vasta su extensión y con un imparable motor que la mueve. También dijimos que la IA se caracterizaba por una virtud: la de confesarse, sin preámbulos, como “artificial” pudiendo autodenominarse Inteligencia “Superior”, o “Absoluta”, v. gr. No hay -y eso es contradictorio y hasta de alto riesgo en los variadísimos campos desde su aplicación- un sistema de contención o un, llamémoslo, “código de uso”. Así es como con la implementación de sus variadísimos recursos se van logrando resultados hartos sorprendentes en esos casos en los que hasta se logran, con una fidelidad apabullante, con videos y fotografías de extraordinaria calidad que imaginan situaciones o personajes de las formas más provocativamente dispuestas como si fuesen de la realidad misma. Hasta incursionar en hacer que personajes relevantes del mundo real se muestran diciendo lo que no dicen, actuando como no suelen actuar usualmente o mostrándose en un diálogo como si fuese el video de un encuentro real, aunque todo armado puntillosamente para mostrarse real. Un riesgoso terreno donde crece trigo y abundan malezas. Ese “periodismo” es parte de la metralla de los bandos belicosos. El “marketing” de la guerra.

Exposición densa

El periodismo deviene degradado con su exposición densa de espurios modelos de gestión periodística. Con la IA lo invade todo, todos los sitios de internet, las redes sociales y se multiplican ad infinitum en el amplio universo de las redes y de toda forma imaginable. Basta sólo recorrer la “oferta” de “Últimas Noticias” con titulares de hechos de guerra no ocurridos, de invasiones anunciadas que no son reales o escenarios diseñados con auxilio de la IA que muestran escenas y acciones jamás ocurridas o pertenecientes a otra historia, a otros hechos.

Y títulos catástrofe, esos que obligaban en su tiempo a LA GACETA (años de las dos guerra mundiales) a recurrir a tipos de madera para letras de gran tamaño que se armaban a mano en las mesas de composición con esa “música” de fondo del repiqueteo de las gloriosas linotipos en los talleres del diario. Nunca antes como ahora pueden distinguiese el periodismo ejercido con el espíritu y el diseño que tiene establecido la Unesco: “El periodista debe promover valores universales como la paz, la democracia, la tolerancia y el respeto a la diversidad cultural”. Frente a ello la masiva difusión de noticias, informes y crónicas que, supuestamente, se ligan con la realidad y que invaden las pantallas por Internet, configuran una nociva invasión de falsedades. Como el rumor pesado del aleteo de la manga de langostas que en nubes densas y ruidosas se abatían sobre los árboles y sembradíos. Las noticias, todas ellas, con orientación que en un primer análisis sospechoso del usuario de esos medios tienen un propósito oculto no siempre advertibles. De este periodismo se nutren sectores que reaccionan, conforme inadvertidamente lo hacen, reaccionando sobre bases falsas que desembocan en adhesiones o críticas, según incida esa “información” carente de sustento en la realidad. Los funcionarios y gente de acción y poder que así se “informan” pueden generar acciones inapropiadas fundamentadas. Sin embargo, lo expresarán: “Es de público conocimiento”.

“Israel detrás de cámara”

El 18 de mayo último el periodista argentino-israelí Gabriel Astrovsky disertó en Tucumán con el propósito de aportar al conocimiento de “una mirada desde el territorio.” Astrovsky se desempeña como corresponsal para América y A24. Abordó durante su charla en la Kehilá sobre “el detrás de escena” de las coberturas en Israel y el trabajo diario de los medios en situaciones de riesgo y complejas. A la vez reseñó los procesos que llevan a la elaboración de la información internacional. Un intento de separar la paja del trigo por aquello que estamos abordando: la profusión de “información” de toda laya ejerciendo a troche y moche un “periodismo” navegante entre escenarios procelosos o terroríficos o trágicos. Intento no logrado, acabadamente, en la exposición del periodista. Algo inficionado por lo mismo que intenta combatir.

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Intentó explicitar que la información sobre víctimas infantiles o de personas no combatientes en Gaza no se ajusta a la verdad aunque no citó el origen de los guarismos que, a su criterio, son los que deben tenerse en cuenta. Hacía hincapié en que muchos de los números de víctimas entre niños, particularmente, son originados en fuentes de la ONU que, a su criterio, no son confiables como tampoco los producidos por el Ministerio de Salud de Gaza en los que se basan. Se refirió a casos puntuales de información sobre supuestos hechos de las fuerzas israelíes que no se ajustaban a la realidad y procuraban descalificar al gobierno hebreo.

Pero lo más notorio de esa noche del lunes 18 de mayo fue que el presentador del periodista y que a la vez le formulaba algunas preguntas, se expresara sobre Naciones Unidas con vehemencia en contra y con expresiones tan descalificantes, compartidas con el silencio del periodista conferenciante. Mucho se citó en esta columna sobre las innumerables veces que Israel hizo tabla rasa con las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, vinculantes y de su Asamblea General. Probablemente sea el miembro pleno de la ONU que tiene el récord de incumpliendo de sus resoluciones. En este contexto, y ante las gruesas descalificaciones de la ONU proferidas por el presentador del periodista, vale señalar que no se tiene en cuenta que en ese documento de culto del estado israelí que es su Declaración de Independencia del 14 de mayo de 1948 se cita siete veces a Naciones Unidas.

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Y cabe advertir: Israel que dos veces intentó ingresar en ONU (1948 y 1949) lo logró recién en el segundo intento. Y hoy, pese a todo, mantiene su condición de miembro pleno junto a los otros 192 países. Contradictorio comportamiento. Un amigo madrileño me decía, hace tiempo, ante una situación que admití dos posibilidades que la cuestión debía ser : “O burro o barra”.

En suma

Pasamos de tiempos en los que la información no era tan precisa ni profusa ni inmediata, pero medianamente creíble, a una época que nos supera en todo lo que imaginamos en la que el periodismo tiene herramientas fabulosas para que el mundo pueda estar al día (al minuto) y a la vez a un “periodismo” en el que se puede inventar tanto que cuesta más que antes percibir la realidad que se pretende transmitir. La paradoja que lacera la confiabilidad entre los destinatarios de quienes ejercen, al decir de Gabo, “el mejor oficio del mundo”.